Así es la mediación, la reina de los métodos extrajudiciales | José Antonio García Álvaro (ARyME)

José Antonio García Álvaro2016 | Diciembre 1
El título del artículo que escribí no se corresponde con la entradilla, sino con mi conclusión con respecto a la esencia de la mediación. El artículo original llevaba por título ¿Por qué el mediador se reúne en privado con las partes? ¿de qué habla con cada una de ellas?

Este artículo lo escribí hará unos 14 años, cuando no había muchos mediadores en España, cuando la mediación comenzaba en términos legislativos con aquella primera ley de mediación familiar de Cataluña en 2001. La mediación se hacía rara independientemente del ámbito en el que se propusiese ya fuese civil o mercantil, siéndolo entonces hasta para muchos quienes hoy son mediadores. Mucho ha cambiado desde entonces si bien, y casi como hoy día, a muchos intrigaba como cosa curiosa casi a modo de “qué cosas se inventan”. Lo he releído por casualidad este fin de semana y me ha dado por compartirlo.

Mi intención al escribir no era dirigirme a mediadores, sino de tú a tú a cualquier persona física o jurídica que oía campanas sin llegar a ubicar de dónde venían las campanadas. De hecho, se trataba en aquel entonces de dar unas primeras campanadas. Sin embargo, y con el paso de más de una década, sí creo que la mediación resuena, que pronto habremos de ver a la sociedad, a los parroquianos, acercarse.

¿Por qué usé el concepto de reuniones privadas como gancho para explicar la mediación? Porque intuía que así tendría la atención de lectores que no habían oído hablar de mediación nunca. Intuía que ante una cultura de luces y taquígrafo en juicio ordinario o arbitraje, encorsetada en códigos o reglamentos, la cosa y concepto llamaría la atención y no estaba muy equivocado. Así, no era mi intención explicar el “caucus” como herramienta profesional, sino como parte de un todo llamado mediación en donde reina la voluntad de las partes pero sin desmerecer ni empequeñecer la nada fácil labor del mediador.

Es probable que la gran mayoría de quienes terminéis leyendo este pequeño artículo seáis mediadores. Espero que no os desagrade sabiendo ahora como sabéis que no lo escribí para vosotros.


¿Por qué el mediador se reúne en privado con las partes? ¿de qué habla con cada una de ellas?

Es parte de un proceso que no es que sea complejo pero que tampoco es sencillo. Las reuniones privadas son esenciales en un proceso de mediación. No son estrictamente necesarias y hay mucho escrito sobre cuándo convocarlas y hasta si convocarlas. Lo que te adelanto si estás interesado en la mediación como alternativa es que su objetivo no es hablar “a tus espaldas”, ni es el objetivo del mediador “confabularse” con la otra parte en contra tuya.

Conflicto, negociación por asistida que sea; es legítimo, casi natural, en toda negociación o mediación no querer mostrar todas las cartas en una primera reunión, ni al adversario, ni al mediador. No olvidemos que hay una disputa, que recelas, que no puedes evitar ser cauteloso. Así que ¿importa que ambos receléis y seáis cautelosos cuando, hasta si me apuras, estáis en vuestro derecho? No, no importa porque es lo que sucede ante el conflicto, amén de que es en ocasiones lo que lleva al conflicto: recelos, cautelas. Decides, decidís mediar. Bien. No es baladí y no significa que por mediar hayáis bajado la guardia. Así las cosas, la mediación tiene un proceso y el mediador es experto y tiene sus herramientas que pondrá a vuestro servicio. Lo que quiero decir es que el mediador va preparado, que no se planta ante una disputa, ante vosotros a ver si suena la flauta, no.

La reunión inicial conjunta con vosotros pretende ser un punto de inicio del proceso y es uno de los momentos de mayor complejidad para un mediador profesional que aun siendo objetivamente imparcial e independiente se sabe estrechamente observado en su lenguaje corporal y verbal. Al mediador no le sorprende que instintivamente queráis intuir –y hasta necesitéis intuir—si estáis ante un amigo o enemigo cuando el mediador ni es lo uno ni ciertamente lo otro. El mediador está a lo que está: a ayudar; os explicará cómo y despejará vuestras dudas. Escuchadle. No le escuchéis en clave de parte en vuestra disputa porque no lo es, sino de esperanza.

La reunión inicial os pone en antecedentes respecto al proceso y al mediador respecto a la naturaleza de la disputa. Si el mediador os siente atrincherados en esta primera reunión no podrá conocer los auténticos motivos de fondo que originaron la disputa, esto es, los motivos de cada uno de vosotros. Es entonces cuando el mediador puede optar por convocaros a mantener con él breves reuniones por separado. Previamente el mediador os habrá explicado que estas reuniones privadas son confidenciales, que como mediador no mencionará a la otra absolutamente nada de lo hablado excepto con vuestro permiso expreso.

Ahora te encuentras ante un mediador experto, independiente e imparcial en una reunión confidencial. ¿Qué es lo que quiere el mediador? Saber qué pasó y por qué, pero no cualquier porqué, sino el tuyo. El mediador también quiere y tiene que saber lo que quieres. Si quieres que el mediador haga su trabajo, que te ayude a resolver la disputa, este no es el momento de recelar; es el momento de contarle lo que hay y lo que quieres. No hay una disputa en el mundo que no tenga una solución. Si quieres 10.000 euros, diez mil euros la solucionan. El problema es que la otra parte te los dé, porque la otra parte a lo mejor también tiene su solución, nada. La razón por la que estás en una mediación es porque sabes –y la otra parte también–que la solución pasa por el compromiso que bilateralmente os ha resultado inalcanzable.

En esta reunión privada propón tu compromiso y tus condiciones. No importa que creas que, aun haciendo un esfuerzo de compromiso, las condiciones puedan ser inaceptables para la otra parte. Acuérdate, ya apenas habláis; hace tiempo que os habéis instalado en el terreno de lo “inadmisible”. Un primer paso, por tímido que pueda parecer, puede abrir la puerta al acuerdo. El mediador no te va a decir si tu propuesta es buena o mala; será buena o mala para la otra parte, no para el mediador. Tras esta reunión el mediador ahora sabe tu porqué y tu propuesta. Te pedirá permiso para trasladar tu propuesta a la otra bien en todo, bien en parte. Recuerda siempre que en mediación nada va a suceder que no quieras que suceda, pero recuerda que lo mismo es cierto con respecto a la otra parte. ¿Entonces? Entonces templanza y reflexión.

El mediador hará lo mismo con la otra parte, para conocer sus motivaciones, su propuesta y su reacción a la propuesta que hayas planteado a través del mediador. El mediador llevará a cabo estas reuniones tantas veces sean necesarias hasta que sienta que habéis construido un terreno común de entendimiento de motivaciones y de pretensiones. Este terreno de entendimiento no tiene que estar pavimentado; vale con allanarlo un poco. Aquí es cuando el mediador os convocará a una reunión conjunta en la que piséis por primera vez y juntos este sendero que sí, vosotros y solo vosotros habéis allanado. Ahora sigue dependiendo de vosotros que el sendero se convierta en camino, así como pavimentarlo y señalizarlo, es decir, solucionar el presente y reconstruir vuestra relación de futuro. ¿Tiene que haber futuro conjunto? No, no necesariamente. A veces resolver es permitirse mutuamente la marcha. Depende enteramente de vosotros.

Al final mirareis al mediador y os preguntareis “¿y éste qué ha hecho?, no nos ha dicho en ningún momento ni que sí ni que no. Nunca nos ha juzgado”. Sin embargo, no le olvidareis fácilmente, ni él a vosotros.

Así es la mediación, la reina de los métodos extrajudiciales porque en ella reina y manda tu voluntad, vuestra voluntad.

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