El asegurado no puede imponer un arbitraje en las pólizas de defensa jurídica

Tribunal Constitucional España2018 | Abril 20
El Tribunal Constitucional (TC) ha anulado un precepto de la ley de contrato de seguro que facultaba al asegurado a someter a arbitraje cualquier diferencia sobre el contrato que pueda surgir entre él y la compañía en el ámbito del seguro de defensa jurídica. El artículo anulado disponía: “el asegurado tendrá derecho a someter a arbitraje cualquier diferencia que pueda surgir entre él y el asegurador sobre el contrato de seguro”.

Conforme a la doctrina constitucional, el arbitraje, como solución alternativa para la resolución de conflictos, debe sustentarse en la voluntad de las dos partes del contrato, pero la previsión legal establecía un derecho exclusivo del consumidor para fijar esta vía, vulnerando los derechos de la aseguradora.

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Un pensamiento en “El asegurado no puede imponer un arbitraje en las pólizas de defensa jurídica

  1. Cierto por mucho que ese clausulado fuese trasposición de Directiva: para arbitrar es necesaria la voluntad inequívoca de dos partes, si bien ¿hace falta la voluntad plenamente informada? Lo más probable que suceda es que las aseguradoras ni propongan el arbitraje porque ¿para qué? ¿para ofrecer una vía más sencilla y económica al consumidor? Todo eso es un ejemplo de una buena idea mal desarrollada.

    Ahora lo que nos falta por ver –y algún día lo veremos—es al Tribunal Constitucional cavilar sobre arbitraje privado de adhesión en contratos de consumo que vinculan al consumidor, sobre lo “imperativo” o la forma en plan “lentejas” con la que se propone el arbitraje.

    Un aparte con el asunto “lentejas”. Cuanto más desarrollo, más lentejas, o eso parece. No sé cuántos “contratos” he firmado marcando online la casilla “acepto” y que debiera llamarse “lentejas” en vez de “acepto” y la cosa es clara: si quieres una app ahora, te comes las lentejas ahora, todas y, encima, cada cierto tiempo te dan otro plato lo quieras o no en la forma de cambio de condiciones.

    En EEUU esto es una batalla sin fin por los mismos motivos que expone el alto tribunal español y para lo que solo hay que responder desde la judicatura –cualquier judicatura—a solo una pregunta: ¿niega el arbitraje la tutela judicial efectiva solo porque se proponga en régimen de adhesión?

    Cosa distinta es anular laudos dictados bajo esquemas de arbitraje carentes de toda garantía procesal, claramente escorados hasta en su origen negocial del lado de una parte, claramente onerosos en costas hasta el punto de absoluta desproporción entre lo que se demanda y el coste de demandar hasta el punto de, efectivamente, no tanto negar la tutela judicial efectiva, sino el derecho hasta de audiencia, que no ya de justicia, que también.

    Pongo un ejemplo: ¿demandaría alguien a una tintorería en Cáceres sobre una blusa comprada en rebajas de 15 euros si arbitrar costase 500 euros y encima el arbitraje tuviese que ser presencial e Palencia? Claramente abusivo, ¿no? Claramente diseñado para dificultar la reclamación hasta el punto de impedirla, de impedir justicia ya que el arbitraje impide la vía jurisdiccional ordinaria como cauce procesal desde el que resolver disputas, ¿no? No perdamos de vista, sin embargo, que el arbitraje solo pretende ser un cauce procesal distinto al jurisdiccional ordinario y que su origen es negocial y bilateral convirtiendo, generalmente, el abuso en negocial y unilateral.

    Entonces: ¿con qué tendría que ver una cláusula de arbitraje en estas condiciones? En mi opinión no tiene nada que ver con tutela judicial efectiva, sino con abuso y ello porque creo que no debemos demonizar al Arbitraje como concepto, sino apuntar con el dedo a “contratos” (de arbitraje en este caso), claramente escorados a parte sea ésta cual fuere. Lo que sugiero es no buscar en la vulneración del principio de tutela judicial efectiva la forma de castigar porque castiga al Arbitraje, sino castigar a quienes propongan contratos de arbitraje de esta guisa declarándolos nulos de pleno derecho como contratos bilaterales que son o pretenden ser. Hay diferencia; mucha.

    ¿Cómo? Ofrezco mi opinión. Creo que debemos acabar con el concepto “accesorio” en materia de arbitraje, declarando en Ley a los contratos de arbitraje tan principales como aquellos a los que hace referencia. Así, habría dos contratos, no uno con injerto arbitral. La meta sería ofrecer un cauce prearbitral en sede judicial que permita al Poder Judicial declarar la invalidez de un contrato de arbitraje del tipo que he expuesto porque de lo contrario la única vía es arbitrar disputa de 15 euros a un coste de 500, perder –lo más probable bajo esquemas abusivos—e intentar conseguir la anulación de un laudo por ser contrario al orden público. Esto es un engorro innecesario

    Así mi propuesta, el contrato de arbitraje sería plenamente eficaz mientras se propone su invalidez como contrato en sede judicial siendo el arbitraje en este momento la única vía por ser la pactada. Así, si el contrato de arbitraje es declarado válido en sede judicial, se arbitra o se continua en sede arbitral caso de haberse iniciado ya que hay una cosa curiosa con respecto al contrato de arbitraje: no prescribe a menos que el contrato al que hace referencia se extinga; de lo contrario, si el Poder Judicial declara la invalidez del contrato independiente de arbitraje, quedaría expedita la vía judicial.

    El principio de “Kompetenz Kompetenz” es majo, simpático y hasta resultón si bien, en manos de entidades desprovistas de toda honorabilidad, sitúa al zorro en cuidador de gallinas.

    Al final, haya abuso o no, no se puede proponer el arbitraje por ley, no se puede dar al traste con el concepto necesario de bilateralidad, esencial en arbitraje como es esencial en toda relación contractual. A nuestro TC no le quedaba otra que hacer lo que ha hecho por mucho que parezca “peregrino” en la forma de guardar el derecho a la bilateralidad de la parte aparentemente más fuerte frente a la unilateralidad de la parte aparentemente más débil, el consumidor. Nada malo en empoderar al Consumidor protegiéndolo, pero hay límites.

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