Facilitación

En muchas ocasiones las reuniones no consisten exclusivamente en escuchar una presentación, sino que involucran una comunicación de grupo. Sin embargo, ocurre a menudo que una persona acapara el centro sin permitir (consciente o inconscientemente) que otras opinen y/o aporten sugerencias y experiencias.

Descrito sencillamente, la facilitación consiste en ayudar a un grupo de personas a alcanzar sus objetivos entre los que se puede encontrar la resolución de una controversia. La filosofía se basa en que si una persona es llamada a una reunión, a una negociación, es porque puede aportar algo positivo y que de nada sirve una reunión de 10 personas en las que dos no hablan, dos tienen miedo a hablar y tres creen que la reunión sólo vale para ratificar la decisión ya tomada o muy madurada por el convocante.

Hay una gran variedad de perspectivas en torno a la facilitación, al igual que hay una gran variedad de conceptos sobre lo que significa establecer un liderazgo. Hay facilitadores que opinan que el proceso ha de ser completamente democrático y basado en el absoluto consenso, y hay quienes opinan que el facilitador ha de proyectar un nivel de autoridad que varía en intensidad según la circunstancia en la que se encuentre el grupo durante su encuentro.

Independientemente de la personalidad y estrategias de cada facilitador, éste ha de poseer habilidades estudiadas en materia de dinámica y comportamientos de grupo. En este sentido hay dos tipos de habilidades distintas: por un lado el facilitador aporta habilidades procesales (manejo del proceso) y por otro, habilidades competenciales (experiencia en la materia objeto de facilitación). La combinación de ambas habilidades, o el porcentaje en su combinación aportado por el facilitador, es y continúa siendo objeto de debate respecto a lo que significa ser un facilitador eficaz.

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